20170410

Para: Lis Aigner.
10 de abril de 2017.

Me fui a despedir, no lo notaste. Ese retrato fue una carta de despedida. He comprendido todo, es lo que creo, la vida fluye y no es más que pequeños episodios en donde las personas se encuentran. Considero que las cosas están bien ahora, quizá al final la libertad es lo único que tenemos y debemos tener hasta que también se nos escape.

Es lo único que tengo que decir. Cuidate bastante. 

Adiós. 

20170328

Para: Lis Aigner.
28 de marzo de 2017.

Te quiero. Pero lo que sé es que entre vos y yo nada más está el silencio. Te quiero, lo que sea que signifique para vos.

20160812

Para: Lis Aigner.
12 de agosto de 2016.

Telegrama: Aún me preguntan por vos.

20160717

Para: Lis Aigner.
17 de julio de 2016.

En algún momento de la vida escribí telegramas. De nada sirven ahora. También escribí cartas.

Esto es un telegrama, y si me cobraran por palabra me habrían dicho: "se ha excedido, joven".

Aunque bien, todo esto ya lo pagué: mi moneda ha sido el tiempo.

20160604

Para: Lis Aigner.
4 de junio de 2016.


Podría decirte mucho sobre las lluvias de madrugada en este (a veces extraño) lugar que es la costa. Tenía mucho rato sin escribir y es así como comienzo: divagando sobre el blanco de esta pantalla. Hay cosas que me llaman la atención últimamente, cosas como los colores de la tarde detrás del vidrio mientras manejo por la carretera o las luces de los carros diluyéndose entre las vallas publicitarias. Sólo observo, no saco conclusiones ni trato de pensar nada, solo manejo sobre esa lengua agrietada que es el asfalto y veo nada más.

Tengo extraños gustos o mejor dicho, manías. Compro una Coca Cola Zero en la farmacia que es un supermercado y me empeño en observar al campesino que siempre se encuentra ahí sentado pidiendo algo de dinero. Hoy me detuve a platicar con él, le pregunté cosas: de dónde era, dónde trabajaba; cosas por el estilo. Nos hemos rebajado a nada. Hemos rebajado nuestro sentido de la humanidad a nada. Y ahí estábamos él y yo sentados. Él me repetía lo mismo y no me respondía la pregunta, aunque parece que comprendía lo que yo decía. Mire sus pies, tenía unas botas de hule destrozadas y la camisa rota, pero le ves la cara y lo único que observas es el hambre.

Me he planteado muchas cosas a partir de lo que he vi hoy, de los actos que tenemos cada uno de nosotros o la mayoría de nosotros. ¿A dónde nos hemos ido? ¿Qué camino tomamos que nos hemos desviado? Es como si nada tuviera sentido y todo tuviera sentido a la vez, y cada vez me cuestiono más y más. Puede que existan las respuestas pero todas en lo posible han de ser muy crueles.

La verdad es que a partir de hoy soy otro. En lo más intrínseco de la humanidad todo somos iguales y despreciar a otros es despreciarnos a nosotros mismos, es negarnos.

¿Nos podemos reinventar, Lis?, o ¿terminará todo esto algún día?